Las posibilidades de la Autogestión en la Enseñanza Pública

por Grupo Gómez Rojas

 

Desde el campo libertario, las personas que tienen relación con la educación habitualmente han difundido un modelo pedagógico muy definido, la pedagogía libertaria, consistente en promover la libertad del alumnado,el rechazo a la autoridad y la autogestión de los aprendizajes, configurando desde la práctica el modo de relaciones sociales que desde el anarquismo se pretende: sin jerarquías, sin religión, mediante el apoyo mutuo y con el máximo respeto por desarrollo de la personalidad de los/las estudiantes. A menudo, el marco en el que se ha diseñado la propuesta de la educación anarquista ha sido el de una escuela libre (o racionalista, o libertaria… las denominaciones han sido variadas a lo largo de la historia), independiente en todo respecto al Estado y otros grupos de poder. Con excepción de algunas experiencias concretas que se mantienen en pie (como la Escuela Paideia de Mérida), en 2010, las personas que formamos parte de organizaciones libertariasestamos invirtiendo más energía y tiempo en los centros de enseñanza públicos que en iniciativas independientes, esa es la realidad. Unos/as como profesores/as, otros/as como estudiantes, y otros/as como padres y madres, pasamos más horas resistiendo, criticando, participando, proponiendo… en centros dependientes del Estado, esa es la realidad, y a menudo la única opción entre la gente de clase trabajadora. ¿Buena o mala opción? No entraré a valorarla, porque creo que ganaremos más en salud mental reconociendo esta realidad, y sabiendo que estamos en una sociedad dominada plenamente por el Estado y el Capital, y que nuestro movimiento social es débil en nuestro contexto. Lo que nos debe llevar a buscar vías posibles en lo cotidiano, que sean coherentes (hasta donde puedan serlo) y que nos vayan abriendo el largo camino hacia la Utopía.Por esto, creo que debemos explorar las posibilidades (pocas o muchas) de poner en práctica la autogestión,en los centros de enseñanza de titularidad estatal. Los escollos son muchos, evidentemente, que podemos resumir en:- La limitación que impone la legislación educativa en aspectos como: la obligatoriedad de la enseñanza, la Evaluación (calificación), el currículum prediseñado (programas), la asignaturización del conocimiento, la disciplina concentrada en manos de sólo un sector de la llamada “comunidad educativa”, los tiempos escolares…- El ambiente de control y de burocratización que impone la Administración en los centros públicos, especialmente en los institutos de Secundaria.- La escasez de proyectos ideológicos coherentes con las propuestas libertarias, en un clima profesional donde el profesorado naufraga en medio del aburguesamiento y de la pasividad por falta de ideas claras, donde elmovimiento estudiantil está bajo mínimos, y donde las familias no suelen tampoco tener unos valores firmes de defensa de la libertad, los derechos colectivos, el apoyo mutuo, la conciencia de clase…Pero al mismo tiempo, estos límites podemos transformarlos en oportunidades, si en ocasiones contamos con algunos apoyos, inteligencia e ideas claras. Veamos:
La misma legislación ofrece resquicios para la autogestión, a menudo definida con el término “autonomía pedagógica”, en aspectos como: la adaptación del currículum al contexto, que puede hacerse con unidades didácticas diseñadas por el profesorado y el alumnado de un grupo o centro; promover procesos de coevaluación (evaluación conjunta entre profesor/a y alumno/a), evaluación grupal y autoevaluación; llevar a cabo proyectos interdisciplinares que den pasos hacia la educación integral que promovemos; insertar en los reglamentos de funcionamiento de los centros normas que rompan con la visión represiva de la “disciplina”, etc.Permitir remansos de libertad en las clases en que estemos, facilitando la libertad de expresión y las dinámica asamblearias. Introducir en los Proyectos Educativos de centro nuestro ideario, o valores y finalidades lo más coherentes posible que podamos con la ética anarquista: educación no sexista, apoyo mutuo, libertad, cultura de paz… Sabemos que muchas veces estas expresiones son sólo palabras que se escriben en documentos que es necesario presentar ante la administración, pero en nosotros/as está la capacidad de exigir después coherencia y cumplimiento de estos fines en el día a día. El caso actual de las Comunidades de Aprendizaje, en las que escuelas públicas plasman sus sueños democráticos en proyectos de educación compensatoria, son un palpable ejemplo de que las alternativas son viables y contagiosas. También existen casos de profesorado que elige un centro determinado por perfil o proyecto educativo: ésta debería ser una lucha fundamental de los/las enseñantes libertarios/as, para poder trabajar con gente que comparte metas e ideario.

En las décadas de los 60 y 70 del siglo XX hubo un potente movimiento de autogestión escolar procedente de Francia que se llamó la “pedagogía institucional”, con grandes influencias del psicoanálisis y el freudmarxismo. Autores como Lobrot, Lapassade y Lourau demostraron que profesorado y estudiantes eran fuerzas “instituyentes” (hoy hablaríamos de empoderamiento) que tenían que explorar su capacidad de crear nuevas situaciones de libertad y gestión de sus espacios, aprendizajes, ritmos…(1). Estas fuerzas tenían que nacer de las asambleas en los colegios y liceos públicos y dar pasos de preparación para la revolución social (el Mayo del 68 estaba ahí). La pedagogía institucional marcó el camino de la no-directividad: era posible un  sistema pedagógico “en el cual los educandos deciden en qué consiste su formación y la dirigen”(2). Creo que no es imposible ensayar momentos de no–directividad en el sistema actual, al menos en los espacios que nosotros/as gestionamos. Pondré algunos ejemplos de esto a partir de mi experiencia como profesor técnico de Formación Profesional en un instituto de Jerez, y como Profesor Asociado en la Universidad de Cádiz:
1. En mis clases utilizamos un Diario, que es un cuaderno en el que se anotan las cosas que pasan en cada sesión, qué contenidos abordamos, los debates, las conclusiones, las tareas pendientes… El Diario rota de alumno en alumno, y siempre se comienza cada clase con la lectura en voz alta del mismo, a modo de acta, que se revisa y completa. El Diario de clase es una herramienta colectiva, del grupo, y suele dar muy buenosresultados como herramienta. En algún caso hemos llegado a “digitalizar” el diario y a colgarlo en el campus virtual (con la herramienta “Moodle”), para que esté accesible a todo el mundo.
2. Aunque sean pequeños huecos, facilito y promuevo todas las decisiones que el alumnado pueda llevar a cabo por sí mismo sin grandes conflictos: fechas de evaluaciones, acuerdos de clase, formatos de entrega de trabajos y su extensión, etc. Si el grupo plantea propuestas factibles de cara a la evaluación que sustituyan las pruebas que yo predeterminé en el programa, las acepto. Por ejemplo, en una asignatura del ciclo superior de Educación Infantil veíamos el tema de los Juguetes. Unas alumnas propusieron que esa unidad se evaluara de forma práctica: elaborando un juguete con material reciclado, y explicando su utilidad y ventajas creativas. Acepté la propuesta, y el resultado fue excelente(3).
3. En mis clases enseño a pensar. No vale de nada la memorización, la asimilación sin comprensión, la repetición o la copia. Pongo el caso de mis (escasos) exámenes: se realizan con todo el material escrito presente (libros, apuntes, etc.), que se puede consultar en cualquier momento. Son preguntas de razonamiento, de demostrar que se ha entendido bien lo trabajado en clase, de aplicación de la teoría a la práctica, y viceversa, de vincular los hechos experienciales con la reflexión y la abstracción.
4. En muchas de las actividades extraescolares y complementarias ya podemos introducir la autogestión, o al menos lacogestión, en cuanto a la preparación de las mismas. Si organizamos la Semana Cultural en nuestro instituto, en vez de que varios docentes rellenemos el programa con actividades que nos gustan sólo a nosotros, podemos animar a que los/las estudiantes las preparen y desarrollen, con sus gustos: talleres de funky, de grafiti, de manualidades, visitas guiadas por ellos/as mismos/as… son sólo algunas de las innumerables iniciativas que se pueden desarrollar de modo participativo, lo que supondrá una fuente de aprendizajes riquísima, y garantizará el éxito de concurrencia (“yo no me pierdo el taller que da mi compañero”).
5. En el campo de los conflictos, partiendo de que éstos no son negativos, sino consustanciales a todo grupo humano, podemos tomar un papel más respetuoso con su desenvolvimiento natural. Quiero decir, que es bueno que los conflictos se den, y sobre todo, que el alumnado tenga oportunidades para resolverlos por sí mismos (ya basta de hacer de profes “policías”). Nuestro papel debe ser el de garantizar un clima favorable para abordar los conflictos con tranquilidad y comprensión, promoviendo la comunicación y haciendo ver que si los estudiantes son capaces de regular sus conflictos de manera no violenta, esto es un valioso aprendizaje.Estas son sólo algunas ideas, débilmente esbozadas. Con interés y voluntad, podemos rastrear en muchas propuestas pedagógicas que tienen cabida en el actual marco legal de la escuela, y que ninguna autoridad estatal puede negar a priori (sería una flagrante contradicción con las finalidades de la LOE, la LEA…): el aprendizaje–servicio (actividades educativas que se llevan a cabo como un servicio a una comunidad), el aprendizaje autorregulado (aportación de la psicología educativa que plantea que los aprendizajes más eficaces son aquellos que un/a alumno/a adquiere cuando se marca sus propias metas de conocimiento), la enseñanza cooperativa (aquí Freinet todavía tiene mucho que decir), los programas participativos de mejora de la convivencia (como la Mediación o la Ayuda entre iguales, éste último con un componente kropotkiniano evidentísimo), la elaboración propia (por parte de equipos educativos y del alumnado mismo) de materiales, prescindiendo de los libros de texto, las propuestas de escuela abierta a la comunidad (que integra a familias y vecindario mediante su participación en la vida del centro educcaional)… Como vemos, queda mucho por construir y por batallar, y recordemos la frase de las Madres de Plaza de Mayo: “la única lucha que se pierde es la que se abandona”.
Notas

1. Véase Colom, Antoni: La pedagogía institucional. Editorial Síntesis, 2000.

2. Éste era el subtítulo de un famoso libro de referencia del movimiento. Lapassade, Georges: Autogestión pedagógica. Un sistema en el cual los educandos deciden en qué consiste su formación y la dirigen. GedisaEditorial, 1977.

3. Se puede ver un resumen en: http://www.astaregia.net/wp/?p=225

Francisco José Cuevas Noa es profesor en laFacultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Cádiz.

Anuncios